Mostrando entradas con la etiqueta Gorodischer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gorodischer. Mostrar todas las entradas
-->
Se sentía fuerte, poderoso, con ganas de mostrarle al mundo de lo que era capaz, y pensaba en ella y no quería dormir pero se dormía y al rato se despertaba y volvía a pensar en ella y estaba convencido de que así es el paraíso, dormirse, despertarse, recordarla en sus brazos y volver a dormirse.
Angélica Gorodischer. Tres colores
-->
Lo que no sé, lo que aún no sé, lo que aún no se sabe, es cómo poner en palabras todo lo imaginado, ¿ve?, por eso se necesitan los planes y los resúmenes y las notas en las que se reflexiona por escrito sobre lo que se ha de escribir. A veces todo viene con sus palabras que son las que corresponden, las necesarias y no otras, y eso es una bendición. Es que lo imaginado ya es palabra. El obstáculo está en otra parte. Pero yo no puedo hacer planes, voy y voy buscando ese obstáculo para poder pasarle por encima o por un costado, vencerlo o rodearlo y entonces sí entrar en el reino seductor de las palabras.
Angélica Gorodischer. Tumba de jaguares
-->
Estuvo un ratito adentro y tocó con este dedo las hojas de los helechos y les habló un poco a las flores que es fama que se ofenden si una pasa sin saludarlas.
Angélica Gorodischer. Tres colores
-->
Es mejor hacer lo que yo hago, hacer algo, transformar lo que es dado en lo que nunca será, pero un día estuvo más cercana que otros y me dijo “cada cual elige la manera de zafar para no sentir el chuzazo”.
Angélica Gorodischer. Tumba de jaguares
Angélica Gorodischer. Tumba de jaguares
-->
Le cansaba eso de estar hablando siempre de lo mismo y ya conocía de memoria las canciones de Mususuka, no porque las hubiera oído a todas sino porque de acuerdo con las que sí había oído, podía imaginarse todas las demás.
Angélica Gorodischer. Tres colores
Angélica Gorodischer. Tres colores
-->
Es cierto que una abre una puerta y la vida cambia, contra la razón, contra la teoría, contra la historia y el juego de probabilidades. Pero es que los gestos cambian la vida porque la vida está hecha de gestos. Las puertas, esas cosas tan misteriosas, tan astutas. (...) Es peligroso andar abriendo puertas, peligroso y necesario.
Angélica Gorodischer. Jugo de mango
Angélica Gorodischer. Jugo de mango
-->
—No lo vas a engañar. Es muy astuto.
—Vas a ver que sí. Es muy astuto pero está enamorado de su cabrito trois couleurs y ya se sabe que el amor convierte en tontos a los hombres.
—Sí, me he dado cuenta.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Lo que dije. Que usted es un tonto, señor O’Shannon, porque se va sin darme un beso.
—Quién dijo.
Y ahí volvieron a besarse y a decirse tonterías porque el amor convierte en tontos a los hombres y a las mujeres también.
Angélica Gorodischer. Tres colores
—Vas a ver que sí. Es muy astuto pero está enamorado de su cabrito trois couleurs y ya se sabe que el amor convierte en tontos a los hombres.
—Sí, me he dado cuenta.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Lo que dije. Que usted es un tonto, señor O’Shannon, porque se va sin darme un beso.
—Quién dijo.
Y ahí volvieron a besarse y a decirse tonterías porque el amor convierte en tontos a los hombres y a las mujeres también.
Angélica Gorodischer. Tres colores
-->
—El descanso, mi pequeña, no es echarse por ahí a no hacer nada, el descanso consiste en estar haciendo algo que lo llene a uno de felicidad.
—Ya lo sé —dijo Selene.
Y era cierto que lo sabía. Ella sentía eso cuando actuaba. Para muchos, subirse al escenario y ser otro u otra durante una función o un ensayo era un trabajo, a veces agotador. Para ella también, sí, era un trabajo, pero con el agregado de que haciéndolo se sentía tan feliz como si hubiera ganado la lotería o estuviera nadando en un mar azul cerca del trópico, o escalando una montaña para llegar a las nieves allá arriba, o como si se estuviera enamorando.
Angélica Gorodischer. Tres colores
—Ya lo sé —dijo Selene.
Y era cierto que lo sabía. Ella sentía eso cuando actuaba. Para muchos, subirse al escenario y ser otro u otra durante una función o un ensayo era un trabajo, a veces agotador. Para ella también, sí, era un trabajo, pero con el agregado de que haciéndolo se sentía tan feliz como si hubiera ganado la lotería o estuviera nadando en un mar azul cerca del trópico, o escalando una montaña para llegar a las nieves allá arriba, o como si se estuviera enamorando.
Angélica Gorodischer. Tres colores
-->
Mi cuerpo siempre es nuevo cuando ella lo explora y me sorprendo a veces encontrando una sensación desconocida, un alfilerazo, una esferita de color que estalla detrás de mis ojos, un pincel de cerdas suaves que pasa por las aristas de mis piernas, algo que no está allí, que no estuvo nunca pero que aparece porque ella me toca.
Angélica Gorodischer. Querido amigo
Angélica Gorodischer. Querido amigo
-->
La luna, vaya con la luna: blanca sombra de lo invisible, voz perpetua sibilante del cielo, todas atribuciones que ni Alaíde ni Zelma podrían haber nombrado, la luna las dejaba un poco menos solas, no más abrigadas ni amparadas, pero sí más unidas al paisaje, más de acuerdo con todo lo que es básico y necesario para seguir viviendo, agua, aire, el verde olvidado que podría haber sido el de las plantas ¿una enredadera? La luna frágil y perecedera les daba ánimo, les permitía respirar mejor.
Angélica Gorodischer. Las señoras de la calle Brenner
Angélica Gorodischer. Las señoras de la calle Brenner
-->
Un país es algo más que una geografía, algo más que una política, una economía, un lugar en el mapa, una presa codiciada; y que si su espíritu se mezcla con el nuestro, si se mete bajo nuestras uñas y detrás de nuestros ojos, hace que cambie nuestra idea del mundo, de la vida y de nosotros mismos.
Angélica Gorodischer. Querido amigo
Angélica Gorodischer. Querido amigo
-->
Y eso era todo pero no lo era del todo y esto no es un juego de palabras. Era todo, pero era un todo incompleto.
Angélica Gorodischer. Tres colores
Angélica Gorodischer. Tres colores
-->
Solo supo que al verlo había pensado me gustaría que ese hombre me abrazara.
Angélica Gorodischer. Tres colores
Angélica Gorodischer. Tres colores
-->
El guerrero la miraba, solo la miraba sin poder hablarle como si con los ojos hubiera podido preguntarle ¿cómo estás?, y ella le devolvía la mirada como si con los ojos hubiera podido decirle no te preocupes por mí todo va bien.
Angélica Gorodischer. Querido amigo
Angélica Gorodischer. Querido amigo
-->
Hablo de otras cosas, incomprensibles algunas, y quiero hacer aquí una observación que viene muy a propósito: no todo misterio encierra algo temible.
Angélica Gorodischer. Querido amigo
Angélica Gorodischer. Querido amigo
-->
El comisario reprobaba. Eso me decidió a inclinarme por todos los gitanos de las tribus de gitanos del mundo.
Angélica Gorodischer. "Los sargazos"
Angélica Gorodischer. "Los sargazos"
-->
Pero no hay duda de que la verosimilitud no tiene mucho lugar en la vida cotidiana ni en las acciones de los hombres, sus causas y sus efectos, de modo que puede dársela por cierto, o, para los espíritus escépticos, por posible.
Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor
Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor
-->
Nadie aprende a regresar, así como nadie aprende a caerse de cabeza en un pozo.
Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor
Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor
-->
La confusión es otra forma del orden.
Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor
Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor
-->
—Porque hay cosas que no se pueden contar —dijo Trafalgar ese día de tormenta—. ¿Cómo las decís? ¿Qué nombre les ponés? ¿Qué verbos usás? ¿Habrá un idioma apropiado para eso? No más rico, no más florido ¿sino que tenga en cuenta otras cosas?
Angélica Gorodischer. Trafalgar
Suscribirse a:
Entradas (Atom)