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El hombre construye casas porque está vivo, pero escribe libros porque se sabe mortal. Vive en grupo porque es gregario, pero lee porque se sabe solo.

Daniel Pennac. Como una novela

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La eterna e idéntica respuesta de todos los cabrones del mundo, con o sin uniforme:
–Obedecía órdenes.
–Yo soy una bestia –respondió Simon–, solo obedezco a mis instintos.

Daniel Pennac. Entre moros y cristianos

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Y, luego, ocurrió algo del todo inesperado: sobre sus labios se dibujó una ligerísima sonrisa... ¡Bueno, prácticamente invisible; una sombra de sonrisa...! Pero era la primera vez que asistíamos a semejante fenómeno... Era tan alucinante.... ¡Una sonrisa minúscula estallando en ese rostro como si le transmitiera toda la alegría del mundo!

Daniel Pennac. Kamo y yo

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El aroma del libro nuevo, el croissant caliente del editor.

Daniel Pennac. La pequeña vendedora de prosa

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Los  horarios de la vida deberían prever un momento, un momento preciso del día, para que uno pudiera compadecerse de su suerte. Un momento específico. Un momento que no estuviera ocupado por el curro, ni por el rancho, ni por la digestión; un momento perfectamente libre, una playa desierta donde poder medir cómodamente la extensión del desastre.

Daniel Pennac. La felicidad de los ogros

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Los recuerdos son hijos del azar, solo los tramposos tienen ordenada la memoria.

Daniel Pennac. Los frutos de la pasión

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Pero la vida es así: si usted encuentra a un ser humano entre la muchedumbre, sígalo... sígalo.

Daniel Pennac. El hada carabina