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A veces, sin embargo, la soledad me punzaba el corazón. El agua que bebía, incluso el aire que respiraba, venían cargados de largas agujas de punta afilada. Las esquinas de las páginas del libro que sostenía en la mano me amenazaban con un destello blanco como filos de una navaja de afeitar. A las cuatro de la madrugada, cuando todo estaba en silencio, podía oír cómo crecían las raíces de mi soledad.

Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

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Un sueño breve y desagradable había dejado en mi cuerpo la sensación de que, mientras dormía, alguien se había sentado sobre mí. Ese alguien había aguardado a que me durmiera para venir a sentárseme encima y se había ido poco antes de que me despertase.

Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

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Entretanto, no dijo nada. Solo me hizo un pequeño guiño. Como si dijera: "Siento no poder hablar, pero hay aquí cerca una pantera negra profundamente dormida, que se irrita con facilidad". Era evidente que no había ninguna pantera. Simplemente me dio esa impresión.

Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

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Parecía que mi verdadero yo se hubiera separado de mí y vagara por alguna parte. "Ojalá me encuentre luego", pensé.

Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

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Al otro lado del chapoteo del agua, de la música, de las risas de la gente, mi oído captó un débil y mudo eco. Una persona llamaba a otra persona. Una persona buscaba a otra persona. Una voz que no llegaba a ser voz. Con palabras que aún no eran palabras.

Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

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Pero, en este mundo, nada hay tan cruel como la desolación de no desear nada.

Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo