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Para poder decir lo que dicen los árboles:
Que ni el hastío ni la desesperación son situaciones reales

Salvador Puig. Apalabrar

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Lo nuevo no es arrepentimiento de lo viejo.

Salvador Puig. Apalabrar

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Y eso era todo pero no lo era del todo y esto no es un juego de palabras. Era todo, pero era un todo incompleto.

Angélica Gorodischer. Tres colores

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Solo supo que al verlo había pensado me gustaría que ese hombre me abrazara.

Angélica Gorodischer. Tres colores

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El guerrero la miraba, solo la miraba sin poder hablarle como si con los ojos hubiera podido preguntarle ¿cómo estás?, y ella le devolvía la mirada como si con los ojos hubiera podido decirle no te preocupes por mí todo va bien.

Angélica Gorodischer. Querido amigo

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Pero sí tenía su cierto encanto agrestre de matorral, una belleza discreta si se quiere, de la que siempre he sido partidario. No me gustan las cosas que vociferan con alharaca su belleza. Me gusta descubrirla por mí mismo y así siento que hago parte de ella.

Polly Horvath. Las vacaciones

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Hablo de otras cosas, incomprensibles algunas, y quiero hacer aquí una observación que viene muy a propósito: no todo misterio encierra algo temible.

Angélica Gorodischer. Querido amigo

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Como en tantas ocasiones me di cuenta del error una vez cometido.

Juan Villoro. El disparo de argón

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El comisario reprobaba. Eso me decidió a inclinarme por todos los gitanos de las tribus de gitanos del mundo.

Angélica Gorodischer. "Los sargazos"

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Yo solo quiero dibujar cosas con al textura de una pastilla de jabón.

Isami Nakagawa. Poguri

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Pero no hay duda de que la verosimilitud no tiene mucho lugar en la vida cotidiana ni en las acciones de los hombres, sus causas y sus efectos, de modo que puede dársela por cierto, o, para los espíritus escépticos, por posible.

Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor

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Nadie aprende a regresar, así como nadie aprende a caerse de cabeza en un pozo.

Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor

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La confusión es otra forma del orden.

Angélica Gorodischer. “Veintitrés escribas” en Bajo las jubeas en flor

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Yo me estoy convirtiendo en confidente y Rosa, eso es lo malo, se está convirtiendo en una tribu de un solo individuo.

Tibor Fischer. El coleccionista de coleccionistas

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—Olvidarse de una mujer lleva su tiempo, Jesse. Es como dejarse crecer las uñas. Puedes hacer lo que quieras: tomar pastillas, salir con otras chicas, ir al gimnasio, no ir al gimnasio, beber, no beber, no importa. No se llega al otro lado un segundo antes.

David Gilmour. Cineclub

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Noté un picor irritante, casi como el sudor, en la piel; no porque él me estuviera cuestionando, sino porque estaba triste y yo no podía hacer nada para aliviarlo de su pesar. Eso hizo que me enfadara con él, como al querer pegar a un niño que se ha caído y se ha hecho daño.

David Gilmour. Cineclub

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—Es como alguien que deja de fumar —dije—. Pasa un mes, se emborracha y piensa: ¿qué coño? Cuando va por la mitad del segundo cigarrillo, se acuerda de por qué lo dejó. Pero ya ha vuelto a fumar. Así que le quedan unos diez mil cigarrillos más o menos para volver a llegar exactamente al mismo punto en el que estaba antes de encenderlo.

David Gilmour. Cineclub

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Durante seis meses, tal vez un año, no me acuerdo, había sentido su ausencia con la intensidad de un dolor de muelas. (...)
Cómo podía hacer entender aquello a Jesse, cómo podía hacer que se le pasaran deprisa los meses siguientes, incluso el año siguiente, hasta llegar a ese delicioso punto final en que te despiertas un buen día y en lugar de sentir la pérdida (el dolor de muelas), te sorprendes bostezando, colocándote las manos detrás de la cabeza y pensando: “Hoy tengo que hacer una copia de la llave de casa. Es muy peligroso tener una sola llave”. Son unos pensamientos maravillosamente banales y liberadores (¿Cerré la ventana de abajo?), una vez que el calor del incendio ha pasado y su recuerdo queda tan lejos que no sabes exactamente por qué duró tanto o a qué vino tanto jaleo, o quién hizo qué con el cuerpo de ella (fíjate, los vecinos están plantando un nuevo abedul).
Como si la cadena de un ancla se hubiera roto (no te acuerdas de dónde estabas ni de qué estabas haciendo), te percatas repentinamente de que tus pensamientos vuelven a pertenecerte; tu cama ya no está vacía, sino que simplemente es tuya, para que leas el periódico, o duermas o... Cielos, ¿qué iba a hacer hoy? ¡Ah, sí, la llave de la puerta principal!

David Gilmour. Cineclub

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I am endlessly pointing out birds to Ginny, who accuses me of being a birder, but it still gives me a small gasp of pleasure to see one unexpectedly appear. As if all the movement in the universe is visible to us suddenly in the fields of the air.

Polly Horvath. My One Hundred Adventures

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It was very theatrical of him and made him look pretty foolish, but I guess his heart was in the right place.

Polly Horvath. When the Circus Came to Town