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Aunque en un principio apenas era consciente de cambio de actitud y perspectiva, poco a poco adquirió una identidad nueva, la del extranjero, una de esas personas que nacieron en una parte del mundo y viven en otra. Es un contingente cada vez más numeroso y tiene tantos rasgos en común que podría optar a ser reconocido como nación, cuya población por cierto superaría a la de la mayoría de Estados. Son gentes que alternan el lugar en el que se instalan y están configurando el mundo del siglo XXI. Son el motor de los cambios históricos y, no obstante, todavía son, o se creen, forasteros. No se sabe adónde pertenecen ni si pertenecen a algún sitio.

Stephen Vizinczey. El hombre del toque mágico

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