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Entonces la abuela tomaba coraje y se hacía un ovillo en la curva de su cuerpo y se ponía el brazo del Reduce en torno a sus hombros y la mano sobre la cabeza, y la impresión que le hacía esta posición nunca probada era tal que no lograba resignarse a esa cosa, según ella sin sentido, que es dormirse cuando se es feliz. Por lo tanto, había que preguntarse si los enamorados vivían así. Y si era posible. Y si no decidían, también ellos, en cierto momento, comer y dormir.

Milena Agus. La mujer en la luna

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