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—¿Hay algo más bonito que la amenaza de la catástrofe? —dijo Max.
—La paz, imbécil, la paz.
—No digo la catástrofe en sí, sino la amenaza de la catástrofe. Acaso también la política pueda finalmente ser reconducida hacia la estética, lo mismo que la ciencia. Quizás el criterio último del mundo no sea la verdad, sino la belleza.

Harry Mulisch. El descubrimiento del cielo

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