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Uno de los inconvenientes de la riqueza es que deja al individuo inerme ante su propia estupidez. El idiota pobre que tiene que trabajar no dispone de tiempo, energía ni dinero para hacer tonterías. La fatigosa lucha por la subsistencia le impide hacerse excesivo daño a sí mismo; los únicos medios de autodestrucción que están a su alcance son la bebida y las drogas baratas. Pero un millonario que puede hacer lo que se le antoje, encontrará mil y una maneras de destrozarse. Los que viven de un subsidio, con poco dinero y mucho tiempo, conocen los incovenientes de los ricos y de los pobres, desde luego, pero ésta es otra historia.

Stephen Vizinczey. El hombre del toque mágico

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