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El abuelo quiso que en el negocio se deshiciera el rodete para ver qué figura hacían todas aquellas lunas y estrellas azules y rosas del cachemir con su nube de cabellos negros, y se quedó tan contento con la adquisición que todos los días quería que la abuela se pusiera bajo el abrigo el vestido nuevo, y antes de salir le hacía hacer una pasada y decía: "Hermosísimo", pero parecía que quisiera decir: "Hermosísima".

Milena Agus. La mujer en la luna

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